miércoles, 4 de abril de 2012

JUNTO A LA ESPINAS SIEMPRE HAY ROSAS



En un colegio, una profesora repartió a las alumnas unas semillas de rosal. Cada una de las niñas la colocó en una maceta que a su vez llenaron de tierra abonada. Y se la llevaron muy contentas a casa para observar su proceso de crecimiento. A los pocos días en la superficie de la maceta de una de las niñas apareció un pequeño brote que empezó a crecer y crecer. Pronto, en aquel tallo que crecía, salió un pequeño bulto que terminó convirtiéndose en una espina.

- ¿Cómo es posible que una flor tan bella venga rodeada de espinas tan afiladas? - Pensó la niña.

Entristecida por este pensamiento se negó a regar la rosa que estaba a punto de abrir y aquella rosa murió antes de nacer.

A las personas nos ocurre algo parecido. En nuestro interior hay una flor hermosa, pero también algunas espinas. Y hay momentos en la vida en los que nos miramos y sólo vemos estas, los defectos. Y nos desesperamos. Y pensamos que nada bueno puede salir de nosotros. Y nos negamos a regar, a cultivar nuestro interior, arriesgándonos a que la flor acabe muriendo.

Por eso es bueno que alguien que nos conozca bien nos enseñe, pasando por encima de nuestras espinas, la rosa que hay en nuestro interior. Entonces, con su ayuda seremos capaces de superar nuestras propias espinas y ver abrirse nuestra rosa más bella.